sábado, 5 de enero de 2013

¿Doy porque tengo o tengo porque doy?


En esta sociedad en donde siempre prevalece el que ‘si no me dan, yo no doy’, resulta difícil el basar nuestras vidas en el hecho de dar sin esperar nada. Todos queremos recibir, claro, pero también es muy cómodo esperar recibir sin antes dar nada, ¿no? Y resulta que el Universo, o sus leyes para ser más exacto, funcionan de manera automática e implacable. Una de esas leyes es la Ley de Compensación, o Ley de Causa y Efecto, que dice más o menos que los estados son compensados en proporción directa con nuestras acciones.

Palabras más, palabras menos, esta ley nos dice que todo lo que hacemos en nuestra vida es la causa que ocasionará que se manifieste un resultado o efecto de la misma vibración de la que lo originó, más temprano que tarde, en nuestra visión de la realidad.

Cómo trabaja la Ley de Compensación

Imaginemos una relación de pareja. Él no le demuestra amor a ella porque ella no le demuestra amor a él; ella no le demuestra amor a él porque él no le demuestra amor a él. Círculo vicioso fatal en donde la desintegración de esa pareja es inevitable. En cambio, si cada uno consagrara su vida a dar amor al otro, sólo por el hecho de hacerle feliz, estaría recibiendo el mismo amor de la otra persona. Sería automático, ¿cierto?

Pasa también en las compañías. ¿Qué empresa da aumentos de sueldo y ascensos o promociones a sus empleados sin que éstos demuestren primero que son merecedores de estos beneficios? Me he encontrado con empleados que se quejan, “Esta compañía no sirve; te hace trabajar y trabajar sin aumentarte ni un centavo”. Pero basta que les digas, “¿Puedes venir este fin de semana para adelantar un proyecto importante?”, para que ellos te digan, “Nooooo, es que este fin de semana viene la tía de la prima de la sobrina de mi esposa y hay que llevarla al médico para que le saquen unas radiografías que…”. ¿Les suena? Estamos claros que ninguna compañía da sin que el empleado dé primero.

De igual manera pasa con el dinero. Todo el flujo de dinero del que disfrutamos es producto de varios factores. Puede depender de programas que nos hayan inculcado en nuestra niñez; puede depender de nuestra actitud hacia él; y también puede depender de cuánto estemos dispuestos a dar a otros de nuestro ingreso mensual. Esta vez me voy a enfocar en este último aspecto; tiempo habrá de desarrollar los otros dos, y quizás muchos otros aspectos más.

El poder del diezmo

Esta palabra genera una cantidad variada de emociones. Muchos la asocian con la religión, razón por la cual a otros les dé grima su sola mención. Es cierto que el primer contacto que muchos de nosotros tenemos con esta palabra es a través de los catecismos que nos dieron cuando estábamos muchachitos – a los que nos lo dieron – pero el diezmo no tiene que ver solamente con el ámbito religioso. Otros no se explican qué carrizo es eso de dar el diezmo; a quién dárselo; y más importante, por qué darlo.

Qué es el diezmo

El diezmo, según nuestra querida Real Academia de la Lengua Española, es:

1. m. Derecho del diez por ciento que se pagaba al rey sobre el valor de las mercaderías que se traficaban y llegaban a los puertos, o entraban y pasaban de un reino a otro.

2. m. Parte de los frutos, regularmente la décima, que pagaban los fieles a la Iglesia.

Aquí hay dos puntos claves a tomar en cuenta: 1) Derecho del rey; y 2) Pago a la Iglesia. Antiguamente el diezmo se pagaba al rey; ahora se paga a la Iglesia. Bueno, estos dos puntos se pueden tratar de manera distinta en la nueva era.

El diccionario de la RAE lo explica de manera más o menos clara. Es el diez por ciento de todo el dinero que nos ingresa mes a mes. Todos nosotros, a menos que negociemos con ovejas o frutas, recibimos dinero mensualmente como retribución a lo que hacemos. Así que si mi ingreso mensual es el equivalente a US$ 5.000, entonces mi diezmo será de US$ 500. Simples matemáticas, no grandes cálculos aquí, ¿estamos?

Entonces, ¿cuál es la teoría detrás de diezmar? Imaginemos lo siguiente: Tú tienes un negocio, digamos de venta de empanadas. Yo te digo, “Oye, tengo esta cantidad en dinero que te puede servir para expandir tu negocio”. Tú me dices, “Vale, gracias, era la ayuda que estaba esperando”. Ahora somos socios. Usando el dinero que yo te di, efectivamente expandes tu negocio y comienzas a generar más dinero. ¿No es justo que de tu nueva ganancia me devuelvas algo de interés a mí? Yo creo que sí es justo.

Ahora, ¿de dónde viene el dinero que tenemos día a día? No todos, pero muchos coincidimos en que el dinero que nos llega a diario viene de Dios, o el Universo, o la Fuente, o como quieras llamarle. Si es así entonces Dios es nuestro socio en el negocio, ¿no? Y si Dios es nuestro socio, entonces es justo que le devolvamos sus intereses de las ganancias que estamos obteniendo.

A quién dar el diezmo

Bueno, ahora hay que retornar ese dinero a Dios. Claro, como tengo una nave espacial que me lleva directamente al despacho del Barbas, no tengo problemas en hacerle un chequesito y saldamos cuentas. No, claro, esto es ridículo. Seguimos claros en que el dinero debe recibirlo “Dios”, entonces es tan fácil como dar el diezmo a las causas o instituciones que en ese momento estén contribuyendo con nuestro crecimiento espiritual. Yo tengo mi maestro espiritual, quien me ha enseñado y me sigue enseñando muchas cosas de las que sé; pues mi diezmo va para él.

Hay quienes consideran que la Iglesia, o el Templo, les generan paz y crecimiento espiritual. Pues a ellos va el diezmo. Supe de alguien que se encontraba en un dilema, y un niño de la calle le dio un consejo que esta persona supo aprovechar, y le dio el diezmo a este niño de la calle. Yo mismo le di el diezmo a mi hermano Marlon una vez que él me asesoró espiritualmente.

Algo importante: ¿Y si la persona a la que le doy el diezmo se lo gasta en barajitas del álbum de futbol del Mundial? Señores, el diezmo es una ley Universal, tal como lo es la Ley Tributaria, o como sea que se llame en sus países. No importa si el Gobierno se gasta mis impuestos en satisfacer necesidades personales de los gobernantes; si no lo pago, voy a la cárcel. De igual manera, nos debe ser indiferente lo que la persona o institución a quien le damos el diezmo haga con él.

Tengo porque doy

La conclusión es entonces que por la Ley de Compensación mientras más dé del dinero que me llega, más me llegará por retribución Divina. El “socio” de allá arriba me estará dando también los dividendos del negocio en común. Y, además, ese dinero que doy estará también ayudando a otros participantes del negocio, quienes a su vez estarán diezmando y ayudando a otros y otros y otros…

Que todo lo que des desinteresadamente vuelva a ti multiplicado. Con todo mi amor, en este maravilloso enero de 2013.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Lo que pienso de los "ateos" y que me regocijo decir


Hoy me provocó hablar de los "Ateos", y les juro que tenía tiempo queriendo poner esto por escrito. Los pongo entre comillas porque creo que ni ellos mismos entienden el término que los categoriza.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, nuestra querida RAE – no tan querida por muchos – define la palabra ‘Ateo’ como:

ateo, a.
(Del lat. athĕus, y este del gr. ἄθεος).
1. adj. Que niega la existencia de Dios. Apl. a pers., u. t. c. s.

“Que niega la existencia de Dios”. Esto se puede entender de muchas maneras, pero ninguna de ellas define a los “ateos” que yo conozco. Estos “ateos” – y los seguiré poniendo entre comillas hasta que ellos mismos se lo ganen – lo que hacen es criticar y martirizar a las religiones, especialmente a la Católica, como si la existencia o no de la Divinidad tuviera que ver con eso.

Cualquiera que haya leído dos líneas de cualquier libro de Historia sabe que el origen de las religiones es total y exclusiva creación del Hombre. No hay libro en la historia de la humanidad en donde se le pueda atribuir a ningún dios el que haya dicho “Uhmmm, ¿saben qué? Me provoca crear una religión en mi nombre” Ni siquiera la Biblia. Y si quieren demuestren con Capítulo y Versículo.

Sí, me van a decir los “ateos”, Jesús en el Evangelio de no sé quién, versículo no sé cuánto le dice a Pedro un no sé qué de ser la piedra de una fulana iglesia. ¿Y quién dijo que el evangelio tiene la razón de todo? ¿Quién dice que los Evangelios Canónicos son la última palabra? ¿Quién dice que lo que se escribe en el Nuevo Testamento es santa palabra y amén? Estos “ateos” parecen olvidar, o simplemente no saben, lo que pasó en el Concilio de Nicea, en donde Constantino hizo y deshizo y “creó” los fulanos “Evangelios Canónicos”, con todo lo que le dio su gana para favorecer tanto a paganos como a cristianos, y creó una nueva religión, la Católica, para complacer a negros y blancos.

Ser “ateo” por simplemente no creer que Dios existe lo considero, como dice mi hermano Marlon, una comodidad. Preguntarse “¿Cómo existe un Dios con tanta maldad en el mundo?” tiene tanta validez como preguntarse “¿Cómo NO existe un Dios con tanta bondad en el mundo?”. Marlon puso una cita de Gottfried Wilhelm Leibniz en su libro '365 Mensajes Secretos Revelados para Motivarte Día a Día' que dice esto: “Si Dios existe, ¿cómo explicar entonces que exista el mal? Pero si no existe, ¿cómo explicar que exista el bien?”.

Los “ateos” que conozco se dedican a criticar lo que ya existe, pero no aportan nada. Algunos se basan en el hecho de que Stephen Hawking dijo alguna vez que él podía explicar la creación del Universo sin la presencia de Dios. ¿En serio? ¿Esa es la base? Vamos, Hawking es la mamá de los científicos, pero no es la mamá de los pensadores. Según él, el hecho de poder demostrar la creación del Universo por medios científicos, prueba la ausencia de toda Deidad involucrada, palabras más, palabras menos. O sea, ¿no hay Dios porque Hawking “demostró” que no lo había? Vamos, si bien no podemos demostrar la existencia de la Divinidad, ciertamente no podemos demostrar, ni Hawking ni nadie, la no existencia de la Divinidad. Cierro mi puño y elevo mi dedo del medio…

Albert Einstein, la mente más brillante que ha pasado por la historia, reconoció la existencia de la Divinidad; a su manera, pero lo hizo.

Esos “ateos” que publican imágenes de figuras religiosas en situaciones chistosas, deberían hacer introspección y analizar que tienen dentro de sus pensamientos. Me parece una falta de respeto el burlarse de las imágenes de credo de otros cuando ni siquiera aportan nada al bien Universal. Es como criticar a Hitler por el Nazismo, mientras nos burlamos de la cruz judía que el otro cuelga en el cuello.

A los “Ateos” les digo, piensen un pelo más; no todo depende de religiones. Yo no creo en religiones; soy totalmente anti-religioso, pero no soy ateo; creo en Dios como fuente principal de mi bien. Si tú, como ateo, culpas a Dios, al Universo, a la Fuente o lo que sea de todos tus males, entonces eres más creyente que yo; ¿sabes por qué? Porque yo, como creyente, hago que mi vida dependa de mí, no de Dios; tú, como “ateo” haces que dependa de otro, de Dios, al cual, como siempre, echarás la culpa…

viernes, 5 de octubre de 2012

Mi experiencia en el Seminario de Control Mental Silva


Conocí el Método Silva por allá por el año 2004 gracias a un amigo que había tomado el seminario y me había comentado sobre él. Abierto siempre a nuevas técnicas y conocimientos que cultivaran mi mente y mi espíritu, decidí bajar el libro por internet, ya que me era imposible coseguirlo en las librerías, y leerlo. Los resultados de las personas que testimoniaban haberlo usado para resolver sus problemas eran sorprendentes. Tenía que leer y probar si de verdad la dichosa técnica funcionaría también conmigo.

Comencé a hacer los ejercicios y sí, de verdad llegaba a apaciguar mi mente y mi cuerpo, pero sentía que me faltaba el entrenamiento apropiado con los entrenadores apropiados, así que el deseo de tomar yo mismo el seminario pasó a ser algo importante en ese momento. La más reciente información sobre el seminario que poseía era la de mi amigo, quién lo había tomado en el CCCT en Caracas. Ya que los buscadores de Internet de la época – Google no era lo que es hoy en día – no arrojaban información sobre los fulanos representantes de Método Silva en Venezuela, las ganas de tomar el seminario siguieron pero fueron quedando relegadas a un segundo plano de mi vida. (En este punto me imagino al Creador sonriendo con cariño como diciendo: “Paciencia, pajarito, que ya te va a tocar.”)

Entonces, a finales de 2007, Facebook hizo su aparición en nuestras vidas, y yo, como muchos, comencé a buscar páginas a las que darle “me gusta” – bandas de rock, películas, libros – pero jamás se me pasó por la mente ver si Método Silva tenía alguna paginita en donde buscar información. Finalmente, hace cosa de dos meses y a través del muro de Facebook de mi prima Diana, supe que la gente de Método Silva Venezuela no sólo tenía la famosa paginita a la que darle “me gusta” sino que estaban ofreciendo el tan esperado seminario de Control Mental que tenía años queriendo hacer. Así que, dos meses más tarde, me sentaba en una cómoda silla de una sala de conferencias del piso 14 del Centro Letonia en La Castellana, Caracas, para recibir mi entrenamiento. (Este es el momento de imaginarse al Creador diciendo: “¿Viste que a todo cochino le llega su sábado?”)

El seminario no sólo fue lo que yo esperaba, sino que sobrepasó mis expectativas. De la mano de Manuel Pérez Sánchez, a quien desde ya, y sin que él lo sepa, lo considero uno de mis mentores, y quien con un humor envidiable y una sabiduría eterna nos instruyó de la A a la Z en el increíble mundo del Control Mental Silva, y de la maravillosa Nena Niebla, quien con su dulce voz nos llevó por todos los ejercicios, vivimos dos días inolvidables que quedarán grabados eternamente en mi mente, mi nueva y repotenciada mente, y, especialmente, en mi corazón.

Hablar de las técnicas sería volver a escribir el libro que una vez escribieran José Silva y Philip Miele. Sólo puedo decir a quien no lo haya tomado que el seminario enseña las técnicas para lograr y conseguir todo lo que queramos; sí, ¡TODO! El poder de la mente no es dominio absoluto de sólo algunos elegidos; todos los seres humanos poseemos el poder de crear todo con nuestras mentes. La diferencia es que sólo ciertas personas conocen las técnicas adecuadas para lograrlo; gracias a Control Mental Silva me puedo contar entre esas personas privilegiadas. Si estás convencido de que quieres tener el control de tu mente; si has buscado técnica tras técnica sin encontrar una que sea a la vez efectiva y sencilla; si sientes curiosidad pero te falta un empujoncito, la respuesta la encontrarás con el uso del Método Silva.

¿Y cómo estamos? ¡Mejor, mejor y mejor!
¡Así es y así será!