En esta sociedad en donde siempre prevalece el que ‘si no me dan, yo no doy’, resulta difícil el basar nuestras vidas en el hecho de dar sin esperar nada. Todos queremos recibir, claro, pero también es muy cómodo esperar recibir sin antes dar nada, ¿no? Y resulta que el Universo, o sus leyes para ser más exacto, funcionan de manera automática e implacable. Una de esas leyes es la Ley de Compensación, o Ley de Causa y Efecto, que dice más o menos que los estados son compensados en proporción directa con nuestras acciones.
Palabras más, palabras menos, esta ley nos dice que todo lo que hacemos en nuestra vida es la causa que ocasionará que se manifieste un resultado o efecto de la misma vibración de la que lo originó, más temprano que tarde, en nuestra visión de la realidad.
Cómo trabaja la Ley de Compensación
Imaginemos una relación de pareja. Él no
le demuestra amor a ella porque ella no le demuestra amor a él; ella no le
demuestra amor a él porque él no le demuestra amor a él. Círculo vicioso fatal
en donde la desintegración de esa pareja es inevitable. En cambio, si cada uno
consagrara su vida a dar amor al otro, sólo por el hecho de hacerle feliz,
estaría recibiendo el mismo amor de la otra persona. Sería automático, ¿cierto?Pasa también en las compañías. ¿Qué empresa da aumentos de sueldo y ascensos o promociones a sus empleados sin que éstos demuestren primero que son merecedores de estos beneficios? Me he encontrado con empleados que se quejan, “Esta compañía no sirve; te hace trabajar y trabajar sin aumentarte ni un centavo”. Pero basta que les digas, “¿Puedes venir este fin de semana para adelantar un proyecto importante?”, para que ellos te digan, “Nooooo, es que este fin de semana viene la tía de la prima de la sobrina de mi esposa y hay que llevarla al médico para que le saquen unas radiografías que…”. ¿Les suena? Estamos claros que ninguna compañía da sin que el empleado dé primero.
De igual manera pasa con el dinero. Todo el flujo de dinero del que disfrutamos es producto de varios factores. Puede depender de programas que nos hayan inculcado en nuestra niñez; puede depender de nuestra actitud hacia él; y también puede depender de cuánto estemos dispuestos a dar a otros de nuestro ingreso mensual. Esta vez me voy a enfocar en este último aspecto; tiempo habrá de desarrollar los otros dos, y quizás muchos otros aspectos más.
El poder del diezmo
Esta palabra genera una cantidad variada
de emociones. Muchos la asocian con la religión, razón por la cual a otros les
dé grima su sola mención. Es cierto que el primer contacto que muchos de
nosotros tenemos con esta palabra es a través de los catecismos que nos dieron
cuando estábamos muchachitos – a los que nos lo dieron – pero el diezmo no
tiene que ver solamente con el ámbito religioso. Otros no se explican qué
carrizo es eso de dar el diezmo; a quién dárselo; y más importante, por qué
darlo.Qué es el diezmo
El diezmo, según nuestra querida Real Academia de la Lengua Española, es:
1. m. Derecho del diez por ciento que se
pagaba al rey sobre el valor de las mercaderías que se traficaban y llegaban a
los puertos, o entraban y pasaban de un reino a otro.2. m. Parte de los frutos, regularmente la décima, que pagaban los fieles a la Iglesia.
Aquí hay dos puntos claves a tomar en cuenta: 1) Derecho del rey; y 2) Pago a la Iglesia. Antiguamente el diezmo se pagaba al rey; ahora se paga a la Iglesia. Bueno, estos dos puntos se pueden tratar de manera distinta en la nueva era.
El diccionario de la RAE lo explica de manera más o menos clara. Es el diez por ciento de todo el dinero que nos ingresa mes a mes. Todos nosotros, a menos que negociemos con ovejas o frutas, recibimos dinero mensualmente como retribución a lo que hacemos. Así que si mi ingreso mensual es el equivalente a US$ 5.000, entonces mi diezmo será de US$ 500. Simples matemáticas, no grandes cálculos aquí, ¿estamos?
Entonces, ¿cuál es la teoría detrás de diezmar? Imaginemos lo siguiente: Tú tienes un negocio, digamos de venta de empanadas. Yo te digo, “Oye, tengo esta cantidad en dinero que te puede servir para expandir tu negocio”. Tú me dices, “Vale, gracias, era la ayuda que estaba esperando”. Ahora somos socios. Usando el dinero que yo te di, efectivamente expandes tu negocio y comienzas a generar más dinero. ¿No es justo que de tu nueva ganancia me devuelvas algo de interés a mí? Yo creo que sí es justo.
Ahora, ¿de dónde viene el dinero que tenemos día a día? No todos, pero muchos coincidimos en que el dinero que nos llega a diario viene de Dios, o el Universo, o la Fuente, o como quieras llamarle. Si es así entonces Dios es nuestro socio en el negocio, ¿no? Y si Dios es nuestro socio, entonces es justo que le devolvamos sus intereses de las ganancias que estamos obteniendo.
A quién dar el diezmo
Bueno, ahora hay que retornar ese dinero
a Dios. Claro, como tengo una nave espacial que me lleva directamente al
despacho del Barbas, no tengo problemas en hacerle un chequesito y saldamos
cuentas. No, claro, esto es ridículo. Seguimos claros en que el dinero debe
recibirlo “Dios”, entonces es tan fácil como dar el diezmo a las causas o
instituciones que en ese momento estén contribuyendo con nuestro crecimiento
espiritual. Yo tengo mi maestro espiritual, quien me ha enseñado y me sigue
enseñando muchas cosas de las que sé; pues mi diezmo va para él.Hay quienes consideran que la Iglesia, o el Templo, les generan paz y crecimiento espiritual. Pues a ellos va el diezmo. Supe de alguien que se encontraba en un dilema, y un niño de la calle le dio un consejo que esta persona supo aprovechar, y le dio el diezmo a este niño de la calle. Yo mismo le di el diezmo a mi hermano Marlon una vez que él me asesoró espiritualmente.
Algo importante: ¿Y si la persona a la que le doy el diezmo se lo gasta en barajitas del álbum de futbol del Mundial? Señores, el diezmo es una ley Universal, tal como lo es la Ley Tributaria, o como sea que se llame en sus países. No importa si el Gobierno se gasta mis impuestos en satisfacer necesidades personales de los gobernantes; si no lo pago, voy a la cárcel. De igual manera, nos debe ser indiferente lo que la persona o institución a quien le damos el diezmo haga con él.
Tengo porque doy
La conclusión es entonces que por la Ley
de Compensación mientras más dé del dinero que me llega, más me llegará por
retribución Divina. El “socio” de allá arriba me estará dando también los
dividendos del negocio en común. Y, además, ese dinero que doy estará también
ayudando a otros participantes del negocio, quienes a su vez estarán diezmando
y ayudando a otros y otros y otros…Que todo lo que des desinteresadamente vuelva a ti multiplicado. Con todo mi amor, en este maravilloso enero de 2013.


