Pareciera ser común la creencia de que mientras menos dinero tenemos, más merecedores del respeto público seremos. Nos han enseñado que la riqueza material es inversamente proporcional a la paz espiritual y a la tranquilidad moral. Algunas de las frases de rigor en cuanto al dinero son ‘El dinero es la raíz de todos los males’; ‘El dinero no crece en los árboles’; y mi favorita, ‘Límpiate las manos después de tocar los billetes o las monedas, mira que son sucios’. Bárbaro, ¿no?
Tenemos muchas, pero muchas ideas preconcebidas con respecto al dinero que, queriendo o no, nos condicionan en nuestro haber material. Cómo vienen esas ideas a nuestras vidas, es irrelevante de momento; eso es algo que no voy a tocar ahora. Lo que sí voy a intentar hacer es esclarecer las ideas erradas que muchas personas tienen, sin querer, del dinero.
El dinero no es otra cosa que una herramienta que nos permite intercambiar bienes. Yo tengo algo que tú quieres, así que tú me das y yo te doy. Aunque muchos crean que el sistema de trueque es cosa antigua, yo considero que el hecho de pagar por lo que se quiere sigue siendo trueque en su más pura definición: tú me das bienes, yo te doy “papeles con valor comercial”.
El dinero de por sí no tiene valor alguno. Tan es así que el dólar, moneda universalmente aceptada como “tipo de cambio”, no vale lo mismo aquí en Venezuela que en otras partes del mundo. Su valor es relativo al poder económico de cada país. El dinero tiene valor porque nosotros se lo damos. Entonces el que lo tengamos o no, depende de la mentalidad que cada quien tenga al respecto.
El ser humano, por naturaleza, tiende a ser higiénico, y extrapolamos esa misma naturaleza al dinero. De hecho, el no tener dinero lo asociamos con “estar limpio”, y cuando hay problemas por “culpa” del dinero decimos ‘Todo por el cochino dinero’. Son estas creencias las que, definitivamente, nos alejan de la prosperidad y la abundancia material.
Yo creo que a todo el que está leyendo esto le gustaría tener dinero, ¿no? Si no es así, te aconsejo que dejes de leer estas líneas, hagas clic aquí y continúes tu vida por otro camino. Si te gustaría tenerlo, continúa leyendo y haz lo que a continuación recomiendo.
1. DEJA DE VER EL DINERO COMO UN ENEMIGO. Sí, tal cual lo digo. Tendemos a tener esa imagen del dinero como si fuera un dragón al que hay que degollar para poder conquistar. No, el dinero es sólo una herramienta con la cual intercambiamos bien por bien. No es la única manera de obtener lo que deseamos. Es una parte importante de nuestras vidas, sí, pero no es la ÚNICA.
2. COMIENZA A CREER QUE HAY OTRAS POSIBILIDADES. El Universo tiene miles, MILES de caminos para otorgarnos nuestros deseos, e, increíblemente, la mayoría no incluye al dinero como protagonista. Cuando somos niños y esperamos que Santa Claus nos traiga todo lo que pedimos con fe en nuestras cartas (asumo que todos los que me leen están familiarizados con la famosa carta que le hacemos a Santa Claus en Diciembre) no estamos pendientes de si él va a poder comprar o no lo que le pedimos; simplemente le pedimos y nos sentamos a esperar a que llegue la mañana del 25 de diciembre (o el día de Reyes para algunos). Es como la cuña en la que la niña le dice al padre “¿Se lo regalan gratis?”. Pues sí, a nosotros también nos lo pueden “regalar gratis”. Basta con creerlo.
3. EL DINERO ES PARA GASTARLO. Cuando se acapara, terminamos por hacer perder a los demás. Cuando se huele un aumento en los precios, los comerciantes tienden a acaparar los productos para así poder “re-lanzarlos” con el nuevo precio. (Voy a usar una palabra técnica aquí) ¿Quién sale jodido? Saben la respuesta. Igualmente, si “acaparamos” el dinero, si lo acumulamos y lo enjaulamos en nuestras cuentas bancarias, estamos impidiendo que circule la energía inherente a él y sólo logramos que esa energía se vuelva contra nosotros. Polo negativo con polo negativo se repelen. Acumulas el dinero, pierdes el dinero.
4. MÁS DOY, MÁS RECIBO. Poco más o menos como la Ley del Diezmo. Siempre que para el Estado de Israel fue una ley el pagar el Diezmo (por allá por el Siglo I), prosperaron y jamás tuvieron escases. Es así, no me crean sin investigar. Para los más creyentes, Lucas, en la Biblia, dice, “Dad y se os dará, porque la medida que empleareis para con los demás, esa misma recíprocamente se empleará para con vosotros”. Esto no es nada más que “mientras más des, más recibirás”. Da, simplemente DA; no importa si te dan a cambio, sólo DA. Despréndete de lo que tienes para que te cubras con lo que deseas. Prometo hablar en detalle acerca de la Ley del Diezmo en futuras entregas.
5. EL DINERO NO SABE DE HIGIENE NI DE ESTÉTICA. El dinero ni es cochino, ni es sucio, ni “lávate las manos después que lo toques”. No, no y no. Quien pone limitaciones somos nosotros. Recuerdo que cuando aquí, en Venezuela, cambiaron el diseño de los billetes, cuando el cambio de Bolívar a Bolívar Fuerte, muchas personas se dedicaron a criticar el diseño de los nuevos billetes, diciendo: “Yo jamás había visto billetes tan feos”. Pues si ves el dinero como algo feo, el Universo, para complacerte y para darte todo lo mejor que tú crees, tratará de alejarte de aquello que consideras feo, en este caso, el dinero.
Todas las limitaciones que nos impiden tener y tener, vienen de nosotros mismos. El Universo siempre nos complace, y así, si creemos que es malo tener dinero, nunca lo tendremos, porque la gente de allá arriba tratará de ayudarnos a cumplir nuestros sueños: Es malo tener dinero, está bien no se lo doy.
Espero que la abundancia llegue conscientemente a sus vidas, y que sepan reconocer la fuente y recibir los regalos según vienen.
Gotas de Felicidad para todos.












