domingo 19 de diciembre de 2010

PREFIERO SER POBRE, PERO HONRADO

Pareciera ser común la creencia de que mientras menos dinero tenemos, más merecedores del respeto público seremos. Nos han enseñado que la riqueza material es inversamente proporcional a la paz espiritual y a la tranquilidad moral. Algunas de las frases de rigor en cuanto al dinero son ‘El dinero es la raíz de todos los males’; ‘El dinero no crece en los árboles’; y mi favorita, ‘Límpiate las manos después de tocar los billetes o las monedas, mira que son sucios’. Bárbaro, ¿no?

Tenemos muchas, pero muchas ideas preconcebidas con respecto al dinero que, queriendo o no, nos condicionan en nuestro haber material. Cómo vienen esas ideas a nuestras vidas, es irrelevante de momento; eso es algo que no voy a tocar ahora. Lo que sí voy a intentar hacer es esclarecer las ideas erradas que muchas personas tienen, sin querer, del dinero.

El dinero no es otra cosa que una herramienta que nos permite intercambiar bienes. Yo tengo algo que tú quieres, así que tú me das y yo te doy. Aunque muchos crean que el sistema de trueque es cosa antigua, yo considero que el hecho de pagar por lo que se quiere sigue siendo trueque en su más pura definición: tú me das bienes, yo te doy “papeles con valor comercial”.

El dinero de por sí no tiene valor alguno. Tan es así que el dólar, moneda universalmente aceptada como “tipo de cambio”, no vale lo mismo aquí en Venezuela que en otras partes del mundo. Su valor es relativo al poder económico de cada país. El dinero tiene valor porque nosotros se lo damos. Entonces el que lo tengamos o no, depende de la mentalidad que cada quien tenga al respecto.

El ser humano, por naturaleza, tiende a ser higiénico, y extrapolamos esa misma naturaleza al dinero. De hecho, el no tener dinero lo asociamos con “estar limpio”, y cuando hay problemas por “culpa” del dinero decimos ‘Todo por el cochino dinero’. Son estas creencias las que, definitivamente, nos alejan de la prosperidad y la abundancia material.

Yo creo que a todo el que está leyendo esto le gustaría tener dinero, ¿no? Si no es así, te aconsejo que dejes de leer estas líneas, hagas clic aquí y continúes tu vida por otro camino. Si te gustaría tenerlo, continúa leyendo y haz lo que a continuación recomiendo.


1. DEJA DE VER EL DINERO COMO UN ENEMIGO. Sí, tal cual lo digo. Tendemos a tener esa imagen del dinero como si fuera un dragón al que hay que degollar para poder conquistar. No, el dinero es sólo una herramienta con la cual intercambiamos bien por bien. No es la única manera de obtener lo que deseamos. Es una parte importante de nuestras vidas, sí, pero no es la ÚNICA.

2. COMIENZA A CREER QUE HAY OTRAS POSIBILIDADES. El Universo tiene miles, MILES de caminos para otorgarnos nuestros deseos, e, increíblemente, la mayoría no incluye al dinero como protagonista. Cuando somos niños y esperamos que Santa Claus nos traiga todo lo que pedimos con fe en nuestras cartas (asumo que todos los que me leen están familiarizados con la famosa carta que le hacemos a Santa Claus en Diciembre) no estamos pendientes de si él va a poder comprar o no lo que le pedimos; simplemente le pedimos y nos sentamos a esperar a que llegue la mañana del 25 de diciembre (o el día de Reyes para algunos). Es como la cuña en la que la niña le dice al padre “¿Se lo regalan gratis?”. Pues sí, a nosotros también nos lo pueden “regalar gratis”. Basta con creerlo.

3. EL DINERO ES PARA GASTARLO. Cuando se acapara, terminamos por hacer perder a los demás. Cuando se huele un aumento en los precios, los comerciantes tienden a acaparar los productos para así poder “re-lanzarlos” con el nuevo precio. (Voy a usar una palabra técnica aquí) ¿Quién sale jodido? Saben la respuesta. Igualmente, si “acaparamos” el dinero, si lo acumulamos y lo enjaulamos en nuestras cuentas bancarias, estamos impidiendo que circule la energía inherente a él y sólo logramos que esa energía se vuelva contra nosotros. Polo negativo con polo negativo se repelen. Acumulas el dinero, pierdes el dinero.

4. MÁS DOY, MÁS RECIBO. Poco más o menos como la Ley del Diezmo. Siempre que para el Estado de Israel fue una ley el pagar el Diezmo (por allá por el Siglo I), prosperaron y jamás tuvieron escases. Es así, no me crean sin investigar. Para los más creyentes, Lucas, en la Biblia, dice, “Dad y se os dará, porque la medida que empleareis para con los demás, esa misma recíprocamente se empleará para con vosotros”. Esto no es nada más que “mientras más des, más recibirás”. Da, simplemente DA; no importa si te dan a cambio, sólo DA. Despréndete de lo que tienes para que te cubras con lo que deseas. Prometo hablar en detalle acerca de la Ley del Diezmo en futuras entregas.

5. EL DINERO NO SABE DE HIGIENE NI DE ESTÉTICA. El dinero ni es cochino, ni es sucio, ni “lávate las manos después que lo toques”. No, no y no. Quien pone limitaciones somos nosotros. Recuerdo que cuando aquí, en Venezuela, cambiaron el diseño de los billetes, cuando el cambio de Bolívar a Bolívar Fuerte, muchas personas se dedicaron a criticar el diseño de los nuevos billetes, diciendo: “Yo jamás había visto billetes tan feos”. Pues si ves el dinero como algo feo, el Universo, para complacerte y para darte todo lo mejor que tú crees, tratará de alejarte de aquello que consideras feo, en este caso, el dinero.

Todas las limitaciones que nos impiden tener y tener, vienen de nosotros mismos. El Universo siempre nos complace, y así, si creemos que es malo tener dinero, nunca lo tendremos, porque la gente de allá arriba tratará de ayudarnos a cumplir nuestros sueños: Es malo tener dinero, está bien no se lo doy.

Espero que la abundancia llegue conscientemente a sus vidas, y que sepan reconocer la fuente y recibir los regalos según vienen.

Gotas de Felicidad para todos.

domingo 12 de diciembre de 2010

¿POR QUÉ DIOS NO ME OYE?

Nota del autor: Para efectos de este artículo, los términos Dios, El Universo, La Fuente, o como te dé la gana llamarlo, son lo mismo.

Pido un carro, no me lo dan; pido una casa, no me la dan; pido una pareja, no me la dan; pido, pido, pido y el Universo parece haberse olvidado de mí.

¿Cuántos de ustedes se han visto en esta situación, en donde sentimos que nuestras peticiones llegarían más rápido a través del correo regular? Creo que todos; incluido este servidor.

¿Por qué sentimos que el Universo no nos oye?

Quiero aclarar algo: el Universo siempre oye nuestras peticiones. Según la tradición (no me quiero meter con qué es cierto y qué no, religiosamente hablando) todos somos hechos a imagen y semejanza del Creador. Si esto es cierto, entonces también es cierto que todos, TODOS, tenemos la misma esencia y sustancia del Creador. Es como si tomáramos una gota de un océano; esa gota NO  es el océano, pero tiene todos los componentes de ese océano. Nosotros, los humanos, no somos Dios, pero estamos compuestos de la misma esencia de Dios.

Entonces, si todos somos “el Creador” (o el Universo, Dios, lo que sea), es prácticamente imposible que nuestras peticiones no sean oídas. Claro que son oídas. Las oyes tú mismo cuando las manifiestas, y al tener la misma esencia del Universo, éste está recibiéndolas también.

¿Entonces, qué es lo que pasa?

Vamos a hacernos una pregunta importante. ¿Cuántas cosas de las que pido realmente deseo y/o necesito? Sí, leyeron bien: “deseo y/o necesito”. ¿Por qué hago esta aclaratoria? Porque hay cosas que deseamos pero no las necesitamos, así como las hay que necesitamos pero no las deseamos, o no queremos aceptar que las necesitamos. Sí, lo sé, todo un merengue de ideas.

Un ejemplo. En Venezuela tenemos un juego de lotería llamado Kino, en donde una persona puede embolsillarse fácilmente el equivalente a US$ 1.850.000 con sólo acertar 15 números de 25 posibles. Cada semana, cada uno de los que juega pide al Universo, supongo, que los 15 números ganadores estén incluidos en su boleto, y cada semana hay, máximo, dos ganadores; es decir, una o dos personas de entre las millones que juegan. Incluso hay semanas en las que no gana nadie. ¿Es que el Universo oye sólo a una o dos personas a la vez? ¿Y qué pasa con el resto? Bien, esta es una pregunta que me encanta responder.

Ante todo, ¿realmente necesitas en este momento todo ese dinero? Quizás estás pidiendo tenerlo sólo por tenerlo. “Vaya”, dirías, “me gané un dineral”. Y si te lo dan, ¿qué vas a hacer con él? ¿Has pensado en eso? Porque quizás no quieres el dinero, sino los bienes que ese dinero compraría. ¿No sería mejor concentrarse en los bienes que quieres y olvidarse del dinero para conseguirlos?

Lo que pasa es que a veces ni llega el dinero ni los bienes. Y aquí quiero aclarar algo: Todo lo que tenemos es un reflejo de lo que pensamos y creemos. Si nos creemos merecedores de algo, entonces lo tendremos. Quiero una casa propia, pero siento que no la merezco; o constantemente siento dudas sobre ello. Ya saben lo que pasará. O quizás siento amor por alguien, pero no creo que ese alguien pueda sentir lo mismo por mí. Creo que está de más decirles acerca del resultado.

¿Qué puedo hacer entonces?

Lo primero es estar claro en la petición. Cuando vamos a un restaurante no le decimos al mesero “quiero comida”. No, ¿verdad? Somos específicos en lo que queremos comer. Así, cuando pedimos al Universo, debemos hacer la petición de manera clara y concisa. “Quiero una cámara digital marca Sony® modelo Cybershot DSC-H55”. Si pedimos sólo “una cámara”, esperen cualquier cosa.

Otra cosa a tomar en cuenta es que mientras más convencidos estemos de recibir lo que queremos, más cerca estaremos de que nos llegue. Es como cuando hacíamos la carta a San Nicolás, o Santa Claus, o los Reyes Magos, dependiendo de la cultura. A nosotros no nos importaba si Santa tenía dinero o no para comprar lo que queríamos; es más, ni siquiera pensábamos en dinero, ¿cierto? Simplemente pedíamos y nos sentábamos a esperar, con seguridad y sin dudas, a que él nos cumpliera. Hagamos lo mismo con lo que queremos ahora.

Un tercer punto importante es, como lo dije más arriba, ¿realmente necesito esto que estoy pidiendo? O incluso, ¿realmente me conviene tener esto que estoy pidiendo? Una persona que se irrita con facilidad quizás no le convendría manejar un vehículo en las calles de Caracas; tendría que examinarse y decidir adaptar su forma de ser para ser más tolerante y comprensivo. O a una persona que todavía anhela parejas anteriores le sería bueno el no conseguir una pareja nueva de momento para así poder liberarse de los lastres del pasado.

Lo esencial es que sepamos que los únicos responsables de recibir o no somos nosotros mismos, y que el control TOTAL de nuestras vidas está, por supuesto, en nosotros mismos.

Podemos tener todo lo que queremos. Sólo debemos hacer un autoanálisis para ver qué está pasando. No es culpa de Dios. No es que Dios no nos oye. El asunto está en nosotros mismos.

Seamos honestos con nosotros mismos a la hora de desear, y disfrutemos de la dicha de estar vivos.

Felicidad para todos.

sábado 4 de diciembre de 2010

¿POR QUÉ LOS DEMÁS SÍ Y YO NO?

En una oportunidad tuve el honor de estar presente en una entrevista que Mariby de los Ángeles le hacía al Dr. Luis Alberto Machado, quien fuera ministro de la Inteligencia durante el período presidencial de Luis Herrera Campins, y quien además es autor del libro ‘La Revolución de la Inteligencia’, en la emisora Jazz 95.5 FM de Caracas.

El Dr. Machado hablaba, entre muchas otras maravillas, de que si todos somos hijos de Dios, entonces todos tenemos la misma esencia del Creador. Así, decía, no hay nada que impida a ninguno de nosotros parecernos, por ejemplo, a Simón Bolívar, así como tampoco hay limitaciones para que cualquiera de nosotros pueda lograr las hazañas que Bolívar logró.

El Dr. Luis Alberto Machado
El comentario del Dr. Machado no pudo ser más acertado. Vemos gente exitosa alrededor del mundo – empresarios, deportistas, músicos – y los admiramos, e incluso hacemos de ellos nuestros héroes – incluido el respectivo “me gusta” en la página de Facebook® correspondiente – pero nunca nos detenemos a meditar sobre por qué ellos sí pudieron y nosotros no.

Cualquiera de nosotros es totalmente capaz de lograr cualquier meta que nos tracemos; lo único que nos frena es, lamentablemente, nosotros mismos. Entonces, ¿por qué no intentarlo? ¿Cómo puedo llegar a ser lo que quiero ser?

Estos son, a mi juicio, los imperativos necesarios para lograrlo:

1. SÉ CAPAZ. Ten siempre en la mente esta idea. Recuerda que yo no soy más que tú, ni tú eres más que yo; todos podemos lograr lo que queramos.

2. ACTÚA. Si quieres ser escritor, escribe; si quieres ser maestro, enseña; si quieres ser músico, toma lecciones. El mejor momento para hacerlo es AHORA.

3. CONFÍA EN TU POTENCIAL. Hagas lo que hagas, siempre, SIEMPRE habrá alguien que admire tu trabajo. Muéstrate al mundo; date a conocer.

4. SÉ UNA HORMIGUITA. Nunca dejes de hacer. La constancia es la clave. No haces nada con dedicar una vez no y otra tampoco. Sé constante con eso que te gusta hacer.

5. SÉ APASIONADO. Cualquier cosa que hagas con amor y pasión tendrá como recompensa el éxito. Cada vez que te pongas a ello, cierra los ojos y dedícalo a ti mismo; regálate ese momento.

6. NO LO HAGAS POR EL DINERO. Tiene que ver con el punto anterior. Concéntrate en hacer con pasión y el dinero vendrá solo. Si lo ves como un trabajo, todo se vendrá abajo.

7. SIGUE EJEMPLOS. Estudia a tus héroes e ídolos. Ponte en sus zapatos. Siente cómo sería ser como ellos. “Vive” sus vidas.

Lo importante es que no te duermas ni pases tus días lamentándote. Tú eres el ser más importante del Universo. Tú eres capaz de lograr todo lo que quieras. Tú puedes convertir una piedra en oro si te lo propones. Sé como tus héroes y permite que, por fin, los demás hagan clic en el botón “me gusta” de TU PROPIA página de Facebook®.

Bendiciones y Felicidad para todos.